El camino hacia la maternidad

Yo no podía ser madre, simplemente no podía. Hace diez años me dijeron que la maternidad, de manera natural, no estaba reservada para mí. Me advirtieron que sufriría en mi búsqueda y mis intentos, así que lo mejor era que empezara pronto. Y todo eso me lo dijeron en la fría sala de un hospital, un ginecólogo que no conocía y sin mirarme a los ojos porque mientras me lo decía estaba cumplimentando el informe con los resultados de mis pruebas.

En esos momentos, no sabía qué suponía querer tener hijos porque sólo quería tener un trabajo y estrenar mi título universitario. Simplemente escuché pero no me sentí identificada con esas palabras, era como si le hablaran a otra persona. Así que, seguí con mi vida.

Si te soy sincera, aquellas palabras retornaban de vez en cuando a mi mente pero para aliviarme me decía a mí misma que no era malo porque si no podía ser madre de manera natural, lo programaría. Mi carrera profesional salía ganando y eso era bueno para mí.

Pero pasaron los años y un día, llegó ese momento de querer ser madre. Ese sentimiento que no se puede explicar muy bien en el que te das cuenta que quieres dejar plasmado tu amor por la vida y por ti misma en forma de una hijo o una hija. Y ese día, las palabras de aquel señor que nunca volví a ver, resonaron en mi cabeza…pero esta vez, con rabia, pensé que ese médico no tendría razón y yo sí podría.

Y pasó un año, y no pasó nada. Estuve durante 12 meses seguidos intentando hacer realidad mi deseo de ser madre pero fue en vano. Simplemente no pasó nada. Miraba el calendario, intentaba afinar la fecha al máximo pero de nada servía.  Entonces sí tuve miedo, ¿tendría razón aquel médico viejo, antipático y maleducado?. ¿Sería cierto que mi cuerpo, mi mente y mi genética no podían dar como resultado un bebé? Así que con decisión pero con muy poco valor, pedí una segunda opinión que me confirmó que no podría ser madre de manera natural. Y esta vez sí me lo creí porque la ginecóloga me miró a los ojos, en su acogedor despacho y con una sonrisa me ofreció otras alternativas.

el-camino-hacia-la-maternidad-2-blog-rosbagsTe confieso que lloré, pataleé y me enfadé mucho con la vida. Y es que yo he sido siempre muy romántica y quería engendrar un bebé en un entorno romántico, íntimo y solitario en el que sólo estuviéramos mi pareja y yo. Y cuando todo el mundo me decía que fuera práctica y resolutiva con este tema, más añoraba la intimidad y la armonía  de “hacer un bebe´” con mi pareja.

Ese sentimiento y la búsqueda de una vida mejor que ya había empezado siendo Coach, me dieron fuerzas para emprender el viaje hacia la maternidad. Decidí que fuera cuál fuera la decisión, el camino tenía que recorrerlo desde mi equilibrio personal.

Así que con calma empecé a llamar a diferentes puertas para encontrar mi propio equilibrio  y fuerza necesaria para ser madre. Me trabajé con Coaching mi creencias, miedos y patrones tóxicos ante la vida.

Cambié mi forma de relacionarme con los demás y sobretodo con mi pareja. Como resultado empecé a quererme más y a valorarme como mujer, sin sentirme menos que un hombre por el hecho de poder engendrar y parir hijos.

Te puedo asegurar que he entrenado mi mente al máximo con paciencia, amor y disciplina. Sentía y quería que mi cuerpo funcionara bien, que cumpliera el papel  de la maternidad porque era un derecho que yo merecía como mujer.

No podía quedarme de brazos cruzados mientras me decían que mi útero, mis ovarios y mi alma no podían acoger una vida en mi cuerpo. Y aunque sí podía admitir utilizar otras vías para ser madre, no lo podía hacer desde la separación de alma, mente y cuerpo que los médicos y la sociedad me ofrecían. Si lo hacía tenía que ser en equilibrio, sin miedo y con mucho amor propio.

Cuando terminó el proceso, que duró más de un año, descansé y me dije que en unos meses volvería al médico para coger con gusto la vía alternativa que la ciencia me ofrecía para ser madre. Ya estaba preparada.

Pero un día soñé con un bebé, al día siguiente también y así durante una semana. Y simplemente sentí que el milagro podía haber ocurrido: ¡estaba embarazada!. Todo había sido de manera natural, será que por eso se le llama “el milagro de la vida”.

Nadie sabe qué ocurrirá en el futuro, la vida muchas veces nos sorprende pero lo que sí puedes controlar es la certeza en ti misma. Hagas lo que hagas, hazlo desde tu equilibrio interior.

Pic by: Unsplash, Vilayvidal, Raquel Martínez

Soy Coach, experta en Coaching de Salud y Personal. Ayudo a personas valientes a crear su propia realidad y descubrir su poder personal para que disfruten de salud y felicidad. ¿Quieres vivir más feliz y ganar salud? Sígueme y lo conseguirás. Soy webmaster de Adelaida Coaching

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